sábado, 30 de abril de 2011

Antibióticos y bacterias:

La utilización incorrecta de los antibióticos no es cosa del pasado. En la actualidad el abuso y el uso inadecuado están comenzando a tener sus consecuencias.

Las bacterias son unas viejas conocidas de nuestro planeta y han sido las responsables de la gran mayoría de las enfermedades infecciosas de la humanidad. Tras largos años de investigaciones se encontró lo que parecía que podía poner fin a su presencia. Nacían los antibióticos, medicamentos diseñados para eliminarlas o impedir su crecimiento en nuestro organismo, para así combatir las infecciones que pudieran causar.

Pero poco a poco, los que ya se habían bautizado por muchos como 'medicamentos milagrosos' comenzaban a dar problemas. Cautivados por sus buenos resultados, su uso empezó a hacerse indiscriminado y la población llegó a creer que todo tenía solución con ellos. Olvidaron que los antibióticos solo podían hacer frente a las enfermedades infecciosas de origen bacteriano, no siendo efectivos para el tratamiento de procesos virales. Así, los resfriados y las gripes comenzaron a tratarse con medicamentos que no estaban indicados para ellos.

Pero la utilización incorrecta de los antibióticos no es cosa del pasado. Todo lo contrario. En la actualidad el abuso y el uso inadecuado de los antibióticos están comenzando a tener consecuencias nefastas para la salud. Un problema que ya se ha acuñado bajo el nombre de 'resistencia a los antibióticos' y que ha encontrado en nuestro país el lugar idóneo para darse a conocer, pues España encabeza la lista de países donde se ha desarrollado una mayor resistencia a estos medicamentos.

Es por esto que la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, la Sociedad Española de Farmacología Clínica y la Red Española de Atención Primaria han redactado conjuntamente un documento de consenso sobre uso adecuado de antibióticos en Atención Primaria en el que alerta sobre el problema del abuso de antibióticos y la aparición de resistencias bacterianas.

CUANDO TOME ANTIBIÓTICOS RECUERDE...
1. Para que sean efectivos es muy importante respetar el horario de las tomas y finalizar el tratamiento.
2. Hay distintas maneras de tomarlos: antes, durante o después de las comidas. Pregunte a su farmacéutico cuál es la mejor manera.
3. Cuando tome un antibiótico coma por lo menos un yogur al día para evitar que la flora bacteriana beneficiosa desaparezca.
4. Las embarazadas o madres lactantes no deben tomarlos nunca sin consultar antes con su médico.
5. Algunos pueden producir molestias, como diarreas. Aun así, no interrumpa la medicación sin consultar con su médico o farmacéutico.
6. Aunque se encuentre mejor siempre debe terminar el tratamiento. Si no lo hace, las bacterias pueden crear resistencias a ese antibiótico o a otros parecidos.
7. Las resistencias que crean las bacterias no sólo afectan a la persona que está tomando el antibiótico, sino a todos los demás.
8. En la gripe, resfriado, dolores de garganta, tos y algunas fiebres, los antibióticos no son efectivos. Si toma antibióticos cuando no lo necesita puede ser que en un futuro, cuando tenga una enfermedad infecciosa, éstos no sean efectivos.
9. No almacene antibióticos en el botiquín casero, porque acumulándolos favorece la automedicación. Los antibióticos caducan, quedan al alcance de los niños y se pueden confundir con otros medicamentos.
10. No se automedique. Ante cualquier duda consulte con su farmacéutico.

Selección natural
Las bacterias se han supeditado a la teoría de la selección natural. Son seres vivos que se adaptan a las circunstancias adversas del medio y que incluso han encontrado la manera de defenderse contra el ataque de los antibióticos, sus máximos enemigos, garantizando así su supervivencia. Muchas mueren en 'combate' pero las que sobreviven volverán a atacar en el futuro y transmitirán esta habilidad a su descendencia. Poco a poco, el antibiótico ve mermada su capacidad y dejará de ser eficaz o, desde luego, menos efectivo que antes. Éste es el caso de la penicilina, el primer antibiótico utilizado contra las infecciones y que hoy es uno de los que ha generado resistencia bacteriana en muchos países.

Con los nuevos antibióticos ha ocurrido algo similar. Tal y como explica la Comisión Europea, "el peor supuesto, que por desgracia no es improbable, es que los agentes patógenos peligrosos adquieran con el tiempo resistencia a todos los antibióticos hasta ahora eficaces, lo que daría lugar a epidemias incontroladas de enfermedades bacterianas imposibles de tratar". Además, "corremos el riesgo de volver a la era preantibiótica, en la que las enfermedades bacterianas banales, que hoy no nos parecen importantes, volverán a ocupar la primera posición en cuanto a causa de muerte", remarca José Antonio Vázquez Boland, catedrático de Microbiología de la Universidad de Bristol en el Reino Unido.

A su juicio el freno a esta situación pasa por "no abusar de los antibióticos, ya que cuantos más haya en circulación, más se favorecerá la selección de bacterias que resistan a ellos", además de educar a la población y desarrollar alternativas a los antibióticos, como vacunas o moléculas con nuevas dianas de actuación.

Las principales víctimas
Como en todas 'las guerras' los más débiles son los que sufren las peores consecuencias. Empeñados en tratar las infecciones respiratorias con un exceso de antibióticos, cuando en gran parte de los casos el causante es un virus, contra el que, por tanto, un antibiótico no puede hacer nada, las guarderías se están convirtiendo en estancias donde las bacterias resistentes crecen libremente. En las residencias de ancianos pasa algo parecido, pues las personas mayores contraen infecciones en el hospital y es en las residencias donde las bacterias problemáticas acaban acomodándose. Y es que, según la Comisión Europea, el 60% de las infecciones hospitalarias tienen su origen en microorganismos resistentes a antibióticos.

Actitud responsable
En nuestra mano está parar está situación haciendo un uso responsable de estos medicamentos. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que bajo ningún concepto debemos automedicarnos con antibióticos, pues es el médico el único capacitado para recetarlos y es él además quien, conociendo cada caso concreto, podrá estipular la dosis y la duración del tratamiento.

Las situaciones de riesgo son casi cotidianas y se repiten cada día. Cuando decidimos por nosotros mismos dejar de tomar la medicación, ayudamos a los microbios a crear resistencias con más rapidez y cuando tomamos antibióticos para paliar los efectos de una enfermedad para la que no han sido creados, como una gripe, las bacterias que se encuentran normalmente en el organismo aprenden a oponerse al medicamento y propagan su hallazgo entre las futuras generaciones. Sin saberlo nos estamos exponiendo a nosotros mismos y a la gente que nos rodea a enfermedades creadas por bacterias resistentes, infecciones muy difíciles de curar, y estamos 'hipotecando' la curación de otras personas al actuar como aliado de las resistencias bacterianas.

También la forma en la que tomamos los antibióticos es muy importante. Y es que, si separamos más de la cuenta las distintas dosis, podemos provocar recaídas y si el tiempo es menor a lo estipulado pueden aparecer fenómenos adversos como alergias, vómitos o diarreas.

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