viernes, 22 de abril de 2011

Los pueblos termales se reinventan

Los pueblos termales están nuevamente en boga en Francia, tras reinventarse pese a los planes del gobierno de reducir el gasto en medicinas naturales.

Amélie-les-Bains con un enfoque holístico.
Las nieves se derriten y los ríos arremolinados bajan de las montañas, arrastrando árboles arrancados de raíz y enormes rocas.
La primavera en los Pirineos franceses ruge con rachas de vendaval hasta dejar el cielo sin nubes, de un azul profundo.
En balnearios como Amélie-les-Bains, personas enfundadas en blanco se mueven por calles elegantes.
En un examen más detenido, uno se percata de que el color blanco es de las batas usadas por los curistes (pacientes de hidroterapia) que vienen a bañarse en las aguas termales.


Holístico
Los Pirineos son particularmente ricos en ciudades balnearias. Durante siglos, los turistas acudieron a ellos hasta que entraron en decadencia y las embotelladoras de agua mineral tuvieron que cerrar por disposiciones sanitarias de la Unión Europea.

Pero ahora, los pueblos termales se han reinventado.
Los folletos proclaman que ya "no hay más olor a azufre ni los placeres de otra época".
En su lugar, se ofrece un enfoque holístico para aliviar enfermedades crónicas como la artritis y la esclerosis múltiple.

Además de tomar baños, los curistes beben diariamente diez vasos pequeños de un agua rica en minerales que a mí me resulta salada.
La mayoría siente que el agua ayuda, al igual que los masajes, la gimnasia y la gastronomía saludable que aquí se ofrece.
Desde ahora y hasta octubre, miles de curistes -en su mayoría jubilados franceses- pasan hasta tres semanas relajándose en piscinas cálidas.

Paga el Estado
Los balnearios se encuentran en hermosos jardines y son atendidos por médicos, fisioterapeutas y nutricionistas... todo lo cual tiene un alto precio.
Los farmacéuticos son también consejeros.
La mayoría se lo puede permitir porque el Estado paga las cuentas.
Un cliente satisfecho es Alain, de 65 años y aficionado a la caza del jabalí y a montar su bicicleta de montaña por laderas vertiginosas.
No parece alguien que necesite una "cura", pero insistió en que el tratamiento lo había ayudado con su presión arterial y que planeaba regresar.

Cuando le pregunté por qué el Estado debía pagar por unas buenas vacaciones, mostró su fastidio y aclaró que él pagó su propia comida y el hotel.
Aunque dijo que si uno tiene ingresos bajos, el seguro médico cubre las facturas e incluso abona el boleto de tren.
Por eso, cuando el gobierno habló de recortar gastos de asistencia sanitaria hubo protestas.
El dinero de los visitantes es prácticamente el único ingreso de los pueblos termales.

Aspirinas y tortillas
Aquí, en Amélie-les-Bains, la farmacia emplea a cinco farmacéuticos para unos 3.000 habitantes, la norma en un pueblo de este tamaño.
Los Pirineos son particularmente ricos en pueblos termales.
El local siempre está ocupado con pobladores que describen sus propios males y también los de sus familiares.

El personal tiene una infinita paciencia, y el costo de la mayoría de las medicinas que recomiendan es reembolsado.
Además de dispensar medicamentos y simpatía, los farmacéuticos pueden identificar los diversos tipos de hongos que se encuentran en las laderas boscosas de los Pirineos y decir si son comestibles y cómo se deben cocinar.

Así, que cuando el gobierno de Francia quiso que los supermercados vendieran medicamentos de uso cotidiano como la aspirina, las farmacias organizaron una rápida defensa ante el temor de perder a sus clientes.
Estos últimos recolectaron firmas y las autoridades tuvieron que dar marcha atrás.

Después de todo, nadie esperaba que en los supermercados se prestara atención a su artritis o se explicara qué hongos irían bien con una tortilla.

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